miércoles, 28 de marzo de 2007

Pericles


"Amamos lo bello con sencillez y el saber sin relajación. Nos servimos de la riqueza más como oportunidad para la acción que como pretexto para la vana gloria, y entre nosotros no es motivo de vergüenza para nadie reconocer su pobreza, sino que lo es más bien no hacer nada por evitarla." (Tucídides, Discurso Fúnebre en Honor a los Muertos, V40).

Ateniense, orador, hombre con ética e inteligencia, político sobre todo lo demás. Es la visión que nos llega gracias a Tucídides y halla gusto en mí. Hasta su figura en piedra encuentra una extraña admiración, ovaciono lo que no cede.

Este personaje es uno de los gustos que he descubierto. Hoy tenía que disertar sobre dos historiadores y me encontré en varias oportunidades reordenando y reesquematizando el contenido. Me he vuelto, según veo, un estructuralista deconstructivista. Y curioso, ahora recordé que cuando pequeño tomaba todos los juguetes, los desarmaba hasta su última pieza hasta entender cómo funcionaban para luego dejarlos botados, sin armar, destrozados. No tenía tanto interés en jugar con ellos como sí en saber sobre su funcionamiento.

Diserté finalmente hoy, y a pesar de no estar satisfecho con la argumentación que tenía fui capaz de armar todo un esquema lógico, quizás con un exceso de retoricidad pero se sostenía sobre sí mismo. No quedé conforme aún cuando dijeron que nos salió bien. Este es otro punto que he descubierto: mi capacidad para la oratoria, o dialéctica, no sé bien cual es el término exacto.

A través del estudio de las primeras literaturas he caído sin oportunidad en una atracción por los mitos. La cosmología de las culturas me gusta mucho, me encanta hacer paralelos entre unas y otras y en más de una oportunidad encuentro vestigios de mis propios pensamientos. Sucede que en aquel entonces el cielo era el mismo, el hombre era uno sólo, y por ello se generaron las mismas preguntas universales. De dónde vengo, quién soy, a dónde voy. Este encanto por esos mitos me ha hecho suponer que tengo atracción por el mundo de las ideas, como llamó Platón. Y quizás de ahí el hecho de que todo me resulté tan ajeno a mi persona, quizás viva en una concepción anacrónica respecto de la realidad. No creo que sea el mejor ejemplo, hace varias semanas creo ya mi padre me pasó dinero para gastos de educación mía y de mis hermanos. Antes de ayer lo vi y le rendí cuentas, el quiso detenerme diciendo que no era necesario pero le insistí con firmeza que era algo que debía hacerse. Estoy seguro que es algo que deba hacerse, pero quizás yo desconozca la manera para actuar con sutileza. Sí, sutileza es algo muy de estos tiempos modernos. Y yo, bueno, yo soy un bruto quizás. Y ahora más aún.

No es que no esté conforme con cómo soy, me gusta ser esquematizado a pesar de que a muchos le carga. Recuerdo tantas veces que discutí con personas por ser así, o porque con quien yo hablaba no era así. Trataban de mostrarme otras formas de resolver los problemas y yo muchas veces traté de prestar atención, pero nunca resultó. Ahora yo creo en esto que siempre me dio resultados. Los problemas se presentan a mí como distractores, no ha habido inquietud que sin algo de paciencia y consideración no haya podido resolver. Sí, paciencia. Eso lo aprendí hace poco. Todo necesita su tiempo para madurar, incluso mis ideas, mis reacciones, mis sentimientos. Incluso ante un hecho particularmente violento que necesite respuestas rápidas es mejor conservar la calma y pensar 2, 3, 10 veces en busca de la respuesta correcta. Y ¿qué es lo correcto? me preguntó Lu! hace unos días. Me sorprendió, mire el suelo, pensé un par de segundos, y le dije que era una relación dada por lo que es bueno para uno en función de lo que es bueno para el resto, y nunca al revés. Me miró, como cualquiera lo hubiera hecho, con decepción, odio, amargura, desprecio y compasión. Yo también me tendría compasión. ¿Tenía otra alternativa acaso? ¿Cualquiera otra persona tendría otra alternativa?

Soy una alienación. Deseo lo que no acepto, en todo orden de cosas. Y quizás algunas veces no desee, porque el deseo es fugaz; pero jamás aceptaré, porque la voluntad es reino de la razón.

Una canción hermosa que ayer conocí.

Frédéric Chopin, Andante Spianato, Op. 22.
Interpretada por Earl Wild, cortesía YouTube.


1 comentario:

Elenor dijo...

Uf el video...me dejó ...sin palabras, los dedos se resbalan como mantequilla, ....hermoso =) saludos