miércoles, 28 de marzo de 2007

Unidos por la Gloria y por la Muerte


Tras haber quedado encerrados Ícaro y Dédalo en el laberinto del minotauro, trataron de escapar construyendo alas con plumas y cera de abejas. Sólo tenían que volar lo suficientemente alto para no ser alcanzados por el mar, y no muy alto para que el sol no derrita la cera destruyendo las alas y precipitándolos contra el mar.

Pero Ícaro se enamoró de la belleza del firmamento y cada vez más alto voló.

Heridas colmadas de violencia, repletas de mi firme altanería. No sé a quién busca mi rencor, pero es seguro que nace aquí, justo donde no triunfé.

Mi destino ligado a una extraña dimensión del padecer. Dos impulsos, el rencor y el orgullo enemistados dentro de mí, dentro de estos muros de tierra muerta imperecedera.

Si la primavera llega un día sera en forma de grito.

No hay comentarios.: