Tras haber quedado encerrados Ícaro y Dédalo en el laberinto del minotauro, trataron de escapar construyendo alas con plumas y cera de abejas. Sólo tenían que volar lo suficientemente alto para no ser alcanzados por el mar, y no muy alto para que el sol no derrita la cera destruyendo las alas y precipitándolos contra el mar.
Pero Ícaro se enamoró de la belleza del firmamento y cada vez más alto voló.
Heridas colmadas de violencia, repletas de mi firme altanería. No sé a quién busca mi rencor, pero es seguro que nace aquí, justo donde no triunfé.
Mi destino ligado a una extraña dimensión del padecer. Dos impulsos, el rencor y el orgullo enemistados dentro de mí, dentro de estos muros de tierra muerta imperecedera.
Si la primavera llega un día sera en forma de grito.
Pero Ícaro se enamoró de la belleza del firmamento y cada vez más alto voló.
Heridas colmadas de violencia, repletas de mi firme altanería. No sé a quién busca mi rencor, pero es seguro que nace aquí, justo donde no triunfé.
Mi destino ligado a una extraña dimensión del padecer. Dos impulsos, el rencor y el orgullo enemistados dentro de mí, dentro de estos muros de tierra muerta imperecedera.
Si la primavera llega un día sera en forma de grito.

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