de la revista Quimantú, poema 72
Concurso de Poesía Carlos Pezoa Véliz
Mención Honrosa
La Herencia
Luis Araya Novoa
Profesor de Castellano, Universidad de Chile
Descansa en paz,
hombre de las cavernas,
descansa en paz.
Tu heredero contemporáneo cumple
fielmente
la letra muerta de tu testamento.
Tu violencia de cielo desgarrado
por las tijeras del relámpago
es hoy su pan diario.
Es su único escudo
tu menhir de fuerza.
Un discurso de paz
que a todos engaña
es ahora tu antiguo alarido de guerra.
Descansa en paz,
hombre de las cavernas,
descansa en paz.
Cierto que ya no son tus flechas huracanadas,
gaviotas hambrientas en busca del pez de aire,
ni tu aterida hacha de piedra,
colmillo tenebroso,
las que convierten la noche prehistórica en un ciclón mugiente,
agonía del mamut,
muerte del donosaurio.
Cierto que no son tus pétreas manos,
que levantaron dólmenes ascéticos
o gravaron la luna gris del miedo en las cavernas
en aras de un dios fatídico
pero inocente.
Cierto que no son tus danzas
guerreras,
imantadas por el tambor
del hechicero,
ni son tus mágicas manos rupestres
como una tea encendida
por la mano de un niño.
No. Cierto que ya no es nada de eso
y que el prolongado insomnio de tu tótem
ha desaparecido
en el invierno ígneo de tu origen.
Cierto.
Pero es tu desprecio por el hombre
el que cria el cóndor ululante de las bombas,
guadaña emplumada
que segó ayer la verde campiña de Francia
que desgarra hoy el paisaje humano de Vietnam.
¡Sí!
Es tu crueldad, tu escondido aullido de muerte,
piedras paleolíticas
los que interrumpen en la núbil soledad
de la doncella vietnamita,
obstruyendo el blanco chorro de su vida.
Es tu golpe de hacha vengativa
el que hace llorar niños de ojos asiáticos.
Es tu engreimiento,
sangre convertida en daga,
el que prolonga la bestia en la condición humana.
Es tu temor a la libertad
y a la vida
el que hace del hombre una gran llaga oscura.
Es tu violencia ancestral
-germen de zarza, de dentellada germen-
la que echa a volar albatros homicidas
sobre los cielos de la Tierra.
¡Sí!
¿Pero es posible que seas el mismo que quiere llegar más allá de la luna?
Desncansa en paz,
hombre de las cavernas,
descanza en paz.
Tu heredero contemporáneo cumple
fielmente
la letra muy viva
de tu testamento.
Concurso de Poesía Carlos Pezoa Véliz
Mención Honrosa
La Herencia
Luis Araya Novoa
Profesor de Castellano, Universidad de Chile
Descansa en paz,
hombre de las cavernas,
descansa en paz.
Tu heredero contemporáneo cumple
fielmente
la letra muerta de tu testamento.
Tu violencia de cielo desgarrado
por las tijeras del relámpago
es hoy su pan diario.
Es su único escudo
tu menhir de fuerza.
Un discurso de paz
que a todos engaña
es ahora tu antiguo alarido de guerra.
Descansa en paz,
hombre de las cavernas,
descansa en paz.
Cierto que ya no son tus flechas huracanadas,
gaviotas hambrientas en busca del pez de aire,
ni tu aterida hacha de piedra,
colmillo tenebroso,
las que convierten la noche prehistórica en un ciclón mugiente,
agonía del mamut,
muerte del donosaurio.
Cierto que no son tus pétreas manos,
que levantaron dólmenes ascéticos
o gravaron la luna gris del miedo en las cavernas
en aras de un dios fatídico
pero inocente.
Cierto que no son tus danzas
guerreras,
imantadas por el tambor
del hechicero,
ni son tus mágicas manos rupestres
como una tea encendida
por la mano de un niño.
No. Cierto que ya no es nada de eso
y que el prolongado insomnio de tu tótem
ha desaparecido
en el invierno ígneo de tu origen.
Cierto.
Pero es tu desprecio por el hombre
el que cria el cóndor ululante de las bombas,
guadaña emplumada
que segó ayer la verde campiña de Francia
que desgarra hoy el paisaje humano de Vietnam.
¡Sí!
Es tu crueldad, tu escondido aullido de muerte,
piedras paleolíticas
los que interrumpen en la núbil soledad
de la doncella vietnamita,
obstruyendo el blanco chorro de su vida.
Es tu golpe de hacha vengativa
el que hace llorar niños de ojos asiáticos.
Es tu engreimiento,
sangre convertida en daga,
el que prolonga la bestia en la condición humana.
Es tu temor a la libertad
y a la vida
el que hace del hombre una gran llaga oscura.
Es tu violencia ancestral
-germen de zarza, de dentellada germen-
la que echa a volar albatros homicidas
sobre los cielos de la Tierra.
¡Sí!
¿Pero es posible que seas el mismo que quiere llegar más allá de la luna?
Desncansa en paz,
hombre de las cavernas,
descanza en paz.
Tu heredero contemporáneo cumple
fielmente
la letra muy viva
de tu testamento.
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