martes, 4 de marzo de 2008

Silencio.


El letrero que colgó en la cerviz de la vaca era una muestra ejemplar de la forma en que los habitantes de Macondo estaban dispuestos a luchar contra el olvido: Esta es la vaca, hay que ordeñarla todas las mañanas para que produzca leche y a la leche hay que hervirla para mezclarla con el café y hacer café con leche. Así continuaron viviendo en una realidad escurridiza, momentáneamente capturada por las palabras, pero que había de fugarse sin remedio cuando olvidaran los valores de la letra escrita.

(García Márquez en "Cien años de Soledad")

Y cuando eso ocurra, ya en vano el mimo habrá cantado su canción.

1 comentario:

Elenor dijo...

una de las mejores partes de ese magnifico libro, aunque compite bastante con remedios la bella que se va volando con las sábanas

saludos :)