Hijo, tu voz irá sobre las noches puras recogiendo el temblor de las altas espigas, se curvarán en ti las canciones maduras, conducirán los vientos la palabra que digas, el mundo se hará luz en tus pupilas, hijo. Y este rumor que llevo de vuelos y colmenas irá como la sombra azul de un crucifijo sobre la ramazón florida de tus penas.
El amor cuyo asalto de fuego me circunda y unge mi corazón de dolorosas huellas será socavamiento de mareas de profundas en tu reino interior de huracanes y estrellas. Y dirás una tarde: "la vida que me diste tiene una oscura lepra de llantos y armonías". Te habrás enamorado de la mujer más triste y en un ancho alarido se quemarán tus días.
Hijo, retoño puro y almohada de mi muerte, flecha que se escapó de mi arco hacia el futuro, yo lo daría todo para formarte fuerte; perdóname hijo mío si eres triste y oscuro, perdóname si tu alma continúa las voces que en mi nacen y caen como las alas vencidas. Si un día tienes pena por lo que no conoces, es que te están doliendo mis heridas.
No quisiera traer tu sollozo a la vida y en la mirada de ella te siento ya venir. Eres como una dulce música conocida sobre los ventanales claros del porvenir.
Hijo, cuando se cierren los ojos de tu padre ¿por qué rutas irá tu planta aventurera? Tu recuerdo será suavidad en la tarde y lágrima en la fiesta del huerto en primavera.

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