martes, 3 de junio de 2008

Hondo país de silencio.


Afuera golpea la noche con su puño de alquitrán, sega la luna el sueño de ayer.

Me preguntaron si era feliz. Qué más da, no lo sé en realidad. Quién dice serlo lo enrostra, el que no patalea en el diván. Yo al menos no lo sé.

Tengo la impresión de haberlo sido, en otro tiempo más lisonjero me vi. Ahora ando a tientas entre nubes y estertores, camino abúlico, cansado, ¡todo es bulla! Y sin embargo, camino.

Pienso en una rama y mi vida a ella se sostiene, en la historia literada y en sus mundos posibles me refugio. ¿De qué? Carajo que no lo sé. De amanecer muerto un día sin haber sido feliz.

Porque si hoy yo muriese, y un segundo más de vida me dieran, le sacaría el jugo recordando lo que pudo ser. Y es que me gusta recordar, qué dicha, agónico gusto por el ayer. Me obsesionan las cosas olvidadas.

Recuerdo verde explosiones primaverales, asesino rojo otoño desdichado moribundo, la cama sensual de un invierno helado.

Mujer, tú lo eres todo. Capitana de los barcos fantasmas que me zurcan y te llaman. Te arrojaste desesperada al infinito mar, luego el mar en tus ojos, el mar en tu cabellera, el mar mojando tus pechos, subiendo por tus caderas.

Y mi alma, espejo del mar, hondo país de silencio, no es menos amargo su abismo. Yo soy el mar.

No hay comentarios.: