Entre una llamada y otra siempre me hallo leyendo a alguno de los condenados. La semana pasada retomé la escritura nerudiana (gentil escritura). Harto me reí con su Arte de Pájaros:
El pájaro Yo.
(Pablo Insulidae Nigra)
Me llamo pájaro Pablo,
ave de una sola pluma,
(...)
Y disfruté un par más, pero me reservo el derecho de reescritura (cosa muy poco usual por estos lares). Lo realmente conmovedor fue el discurso de estocolmo, cuando le entregaron el nobel. No ando con ganas de alabarle las ganas a un pájaro que no conozco, pero sí ando con ganas de echar por tierra al señor erúdito, le tengo bronca al que pretende y no atiende. Le tengo hartas ganas al caballero encerrado en sus cuatro paredes numéricas, realizando conjeturas sobre la vida y el universo. Señor que tanto sabe, usted no sabe ná, puro calcula y se le calcula el poto allí sentado. Hablando de culos y de potos, eso le vendría como santo remedio a su peste terminal, a su crisis posmoderna de hallar algo cierto justo allí al medio de su incertidumbre.
Sí, eso es lo que me molesta. Yo tenía un mundo bien relindo antes de G, pi, Euler y el relativismo sin sentido, era un mundo claro, transparente, algo beleidoso pero nunca he sido muy exigente. Pero cuando usted llegó, caramba, mire lo que le hizo al mundo: si digo algo sospechan de mí, si me quedo callado me pudro y nadie se entera, si voy y los golpeo me tildan de delicuente violento y alevoso. Si usted es el incierto, el que de todo sospecha, el que no sabe cómo hablar de lo que siente, no venga a pautearme la existencia. A mí me gusta andar a tiros por la vida, me gusta echar abajo, que las cosas se levanten, que un día allá y al siguiente en otra parte, me gusta la vida así porque así es la vida.
¿Por qué? No esperaba otra pregunta de usted. Pero déjeme responderle con una pregunta "capciosa", ¿nunca ha tenido ganas de hacer algo con su vida? Pues vaya y hágalo, nadie le dirá nada, y si alguien le dice algo, pues eso, se lo dirá y nada más, hay muy poca gente valiente en este planeta que estaría dispuesta a aforrarle un cornete en pleno plexo con tal de que usted no cometa una locura, de hecho, ustedes mismos se han encargado de llamarle a eso "violencia injustificada".
Yo vengo a hablar de estas cosas, de la violencia, del grito horrible, de cómo nos ultrajan a diario aquellos, los de su clase señor erudito. Usted no sabe ná, puro cuento. Yo vengo a hablar por la boca muerta de unos cuántos, y si me cayan, vendrá otro.
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