miércoles, 2 de julio de 2008

Ígneo.


¿A quién más le puedo desear un cancerígeno final? Qué cosa más deleitosa esta, ojalá hubiese sabido antes que puedo andar por la vida disparando tiros al aire sin importar a quien le caiga uno. Fire at will es una frasecita muy graciosa. ¡Carajo que me gusta odiar!

Qué las concecuencias, qué el sentido, qué aquí y qué allá. Todos son una manga de figuritas de porcelana que al menor temblor amenazan con caerse del árbol de la vida, ¡generación de niñitas consentidas! Que los unos se hagan hombres y se dejen de lloriquear en los rincones, que las otras se dejen de maraquear poniendo caritas de virginidad.

Es una broma. Qué fome serían las cosas sin esos copitos de nieve, trémulos y titubeantes que creen que basta una cosita entre las piernas para ser hombres. "¡Firmes varones solitarios!" Son sinónimos. Y nada que decir de ustedes, dulces musas sin pan ni pedazo en la cena celestial, llevan su tesoro entre los brazos, el mundo a cuestas echándose tristezas a la espalda, cayéndose de patas abiertas cuando "salte la liebre" (o cualquier cosa que pueda saltar(sobre ustedes)). Qué sería de mí sin su canto y su beso.

Muchas gracias.

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