domingo, 14 de junio de 2009



Mentira.

Es una palabra tremenda, de aquéllas cuyo significado es rotundo. La mentira es un instrumento letal. Utilitaria, permite hacer frente a diversos percances y, a veces, sobrevivir. Utilitaria, sí. Sirve para ocultar la verdad. ¡Sorpresa! El que miente sabe la verdad. El problema de la verdad es que es mucho más lapidaria que la más cruenta de las mentiras. Arrastra, sacude, tortura. A veces mata. Irónica. A veces te sobrecoge, te levanta, te despereza, te deslumbra. Incrédulo, casi no puedes aceptar razonablemente que tanta belleza sea verdad.

El mundo está lleno de verdades ocultas tras labios mentirosos. La tristeza puebla la razón de embustes, el alma se ensombrece más, y más oscuro aparece el panorama, más triste, más negro, fatal.

No hagas caso a las tinieblas, enciende tus luces y busca, entre las horribles verdades que cicatrizan tu mundo, pequeñas fisuras de belleza diminuta. Real. Una sola. Sólo una ya sirve. Es una herramienta que te ayudará a sacar las costras. Quizás sangres un poco. Quizás encuentres una realidad regenerada y preparada para renacer.

Sólo sigue adelante. Hasta las peores verdades se quedan en el pasado. En cambio las mentiras, permanecen hasta que las aniquiles.

¿Qué puedo esperar de ti? No sé. ¿Qué quiero? Que cada día razones más. Y mejor. El más sagaz se procura más bienestar. Inteligencia trae felicidad. Particularmente, la inteligencia emocional. Dedícate a conocer tus emociones y a descubrir, respetar y cuidar las de los demás.

De verdad.

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